miércoles, 17 de septiembre de 2014

Galveston de Nic Pizzolatto

Galveston: donde habita la nostalgia
Galveston es, además de una población con largas playas del sudeste de Texas, una historia llena de vida y por ese mismo motivo en ella anida la muerte.

Galveston es una historia amarga llena de amores imposibles. De diálogos de gente muerta aunque respire y beba. De personajes tan determinantes como los paisajes por donde discurre. De perdedores y perdidos.

Pero también llena de esperanza: del fango también puede nacer una flor.

Y llena de humanidad y de inocencia.

Novela de extremos coexistiendo. Inquietante.

Es lo que tiene Texas, que no hay término medio: puedes pasar de un clima a otro solo recorriendo unos pocos kilómetros. Veranos calientes y húmedos con máximas de más de 40º e inviernos gélidos de -20º y cuando sopla viento son huracanes.

La vida en Texas se sirve en la barra, donde se puede degustar lentamente sin atragantarse al abrigo del tiempo que haga.

Roy Cady lo sabe porqué es de allí. Tal vez por eso viva en New Orleans. Tal vez por eso aún se encargue de los recados ilegales de Stan, de Stanislaw Ptitko, aúnque no se fíe ni un pelo; y tal vez por eso o a pesar de eso le pasa lo que le pasa.

A Roy le acaban de diagnosticar un cáncer de pulmón coincidiendo con el abandono sufrido por Carmen. Sin duda tiene a Dios de espaldas y sus desgracias solo acaban de empezar y la más grande de ellas aún está por llegar.

Pero a pesar de su oficio y debajo de la hieratica actitud de dureza laten sentimientos que no se esperarían encontrar en un tipo como él y los mantiene fiel a su ética aunque el coste para ello sea alto.

Raquel, cuyo nombre de guerra es Rocky, es una joven que también proviene del este de Texas que dejó las llanuras cultivadas con algodón para mejorar sus expectativas, utilizando los talentos que saltan a la vista de quien la ve.

Roy y Rocky no pueden formar pareja: les separan más cosas que las que les pueda unir y sin embargo el destino va a encargarse de intentar lo contrario.

Ellos y el resto de personajes que poblan la trama son solo sombras de lo que les gustaría ser, maldecidos por una vida triste aspiran a liberarse de la opresión que los reduce a guiñapos en manos del destino.

Nic Pizzolatto autor de 'Galveston'
y de la serie de TV 'True Detective'
Nic Pizzolatto, el autor, tiene el don de contar la desesperación como si esta tuviera instrucciones de uso y el de crear unos personajes devastados por la vida como los lugares por los que discurren acusan y muestran los embites del clima.

Nos ofrece una novela negra. Claramente negra. Cínica, violenta y dura. Con gangsters, mujeres, armas, alcohol, odios, persecuciones, venganzas, asesinatos y sangre. Y derrota. Y tristeza. Y soledad.

¿Se hubiera traducido Galvestón de no mediar el éxito de la serie de tv americana True Detective de la que Nic Pizzolatto es el guionista?

Tal vez no y hubiera sido un tremendo despropósito.

Esta novela merece ser conocida y reconocida. ¿A que esperan? Leánla sin falta. Leánla antes de que se estrene en todos los cines y la edulcoren. Leánla: es un novelón.



viernes, 12 de septiembre de 2014

Crimen en el paraiso 3

Una serie que adereza asesinatos
en una isla paradisíaca
Crímen en el paraíso sigue siendo esa serie para el verano. Esa serie policial inglesa de género whudunit (Quien ha sido?) que evocando a Agatha Christie adereza asesinatos como quien sirve una macedonia de fruta: a pedazos y bien mezclada.

Saint-Marie es la isla del Caribe y Honoré es el lugar donde se encuentra la comisaría, el mismo Honoré donde la autora inglesa Agatha Christie ubicara su Misterio en el Caribe para deleite de miss Marple.

El 1r episodio de esta 3ª temporada nos presenta al recién llegado inspector Humphrey Goodman como encargado de aclarar el asesinato del inspector Richard Poole, su antecesor, que nos había acompañado en las dos temporadas anteriores.

El caso es complicado y el nuevo sustituto demuestra que además de su aspecto torpe, patoso y desgarbado también cuenta con un cerebro meticuloso y detallista entrenado en la misma escuela policial por donde pasara el fallecido Poole.

La trama de este episodio es un sentido homenaje a la novela, que recomendamos encarecidament 'Cartas sobre la mesa' de la propia Agatha Christie.

Como no podía ser de otra manera, al sustituir un investigador por otro había que diferenciarlos para no caer en la trampa de las odiosas comparaciones directas, así aparte del método policial, ambos protagonistas son completamente opuestos tanto en lo físico como en el carácter.

Ambos muy británicos pero representado formas opuestas en su forma de entender las reglas del vestido y del calzado, de establecer las relaciones sociales y de saber disfrutar de los pequeños placeres y de mojarse, literalmente, en el mar, si se tercia. Aúnque sea para recoger una pelota de criquet.

Inspector Humprey Goodman
Si Poole era un soltero huraño y solitario, el detective inspector Humprey Goodman es en cambio un niño grande amable y sensible al que todo le sorprende y en lugar de preservar su estilo de vida intenta comprender y asimilar lo nuevo que le ofrece la vida en la isla consiguiendolo con resultado dispar lo que plantea situaciones cómicas.

De hecho de eso se trata: poner una persona en un habitat desconocido y observar sus reacciones al compás de la práctica de su trabajo.

Trabajo que realiza con solvencia y enorme eficiencia aunque, eso si, no consigue tomar notas en una libreta como cualquiera haría, sino que lo hace allí donde pilla, ya sea una servilleta de papel, un posavasos, un folleto publicitario, en hojas de árbol o en el dorso de la mano si no hay nada más a mano.

Cada episodio sigue en su línea de descubrir el Cómo, Porqué y Quién comete el asesinato, siempre presente e imprescindible en la serie y servido de distinta manera y en distinto lugar con círculo de sospechosos cerrado y presentado al culpable en reunión conjunta al más puro estilo del inefable Hércules Poirot.

El equipo de investigación lo sigue conformando la subinspectora Camille Bordey (Sara Martins), el recién ascendido subinspector Fidel Best (Gary Carr) y el agente Dwayne Myers (Danny John-Jules) bajo la supervisión del comisario Selwyn Patterson (Don Warrington) y con la presencia de Catherine (Elisabeth Bourgine) como madre de Camille y propietaria del bar donde se celebran los éxitos policiales y otros encuentros remarcables.


El segundo episodio trata del rodaje de una película y de la muerte de uno de los componentes de un equipo tensionado por envidias y celos.

El tercero se mueve en el mundo del arte con una vernisage en una galería de cuadros y un repaso a la historia documentada de la isla.

El cuarto transcurre en un hotel con la tripulación de un vuelo haciendo noche en la isla y el modus operandi es uno de los más puros argumentos de novela enigma policíaca.

El quinto trata del affaire de un ministro con una becaria y ofrece antecedentes familiares de la vida de Camille hasta ahora desconocidos.

El sexto discurre en plena selva con un grupo de ornitólogos en busca del loro de la isla: una rara especie en peligro de extinción y de la que al parecer solo queda una pareja.

En el séptimo la muerte se presenta entre los miembros de una rica familia en una gran mansión situada en una pequeña isla; en un ambiente en donde las comidas se anuncian con batintín.

Y el octavo y último sitúa el asesinato en una residencia para la tercera edad y, como viene siendo habitual en la despedida de temporada aporta un dilema para el inspector de turno, en este caso el inspector Goodman y una confesión acerca de sus sentimientos más intimos.

La serie, en su línea desenfadada con intriga y música bailonga, sigue atrapando por sus elaborados casos criminales de factura whudunit clásica y por unas interpretaciones de sus protagonistas tan naturales como la isla de Guadalupe en Las Antillas del Mar Caribe donde se rueda.

Recuerden aquí la reseña de las temporadas anteriores mientras esperamos la ya anunciada cuarta temporada para 2015:






martes, 9 de septiembre de 2014

Hablando con los muertos de Harry Bingham

Para entenderse con los muertos no hay más que ser uno de ellos. O, estando vivo, creerse muerto.

Fiona Fi Griffiths es una joven detective perteneciente a la Comisaría de Policía del Sur de Gales que participa en su primer caso criminal, un caso que involucra toda la comisaría de Cardiff al tratarse de un posible doble asesinato en las personas de una madre, aún joven, y de su hija de solo seis años de edad.

Fi anda un poco a su aire, lo que le supone broncas de sus superiores y alejamiento de sus compañeros. Su carácter reservado resulta casi antisocial y el no beber alcohol ni café tampoco predisponen a facilitar conversaciones ni dentro ni fuera de la comisaría, por lo que es la rara.

En todas partes hay alguien así y para ella no supone ningún problema representar este papel, mientras con ello pueda actuar según sus impulsos y seguir su ritmo.

Un particular ritmo que viene condicionado por una enfermedad manifestada en su adolescencia que le arrebató dos años de su vida y que explica las razónes de ser como es y de sentir como siente.

De haberse convertido en alguien que no comprende porqué en determinados momentos sale agua de los ojos de las personas y no desconocer si eso duele.

De ser alguien que necesita saber siempre la verdad y terminar lo que empieza. Y que conoce a los débiles y a los que sufren más que a su propia persona. Y que puede sentir y padecer como ellos.

Las muertes de Janet Mancini y la pequeña April que se presentan con un atractivo misterio añadido al descubrir una tarjeta de crédito junto a los cuerpos de alguien fallecido tiempo atrás en un accidente de aviación en alta mar. Y este inicio genera unas expectativas que pronto se diluyen en un caso que toma la vía convencional como camino para el despliegue de la trama.

Hablando con los muertos presenta un caso que empieza con dos cadáveres y que tiene detrás ramificaciones delictivas muy execrables. El desarrollo de la investigación va delatando las actuaciones criminales y permite el encaje de piezas en una mente privilegiada para estos asuntos como es la de Fiona.

La novela tiende a centrarse en la complejidad psicológica de Fi, personaje sobre la que pivota, y sobre el modo que tiene de implicarse emocionalmente en la investigación que a menudo queda en segundo plano al destacar cada unas de las reacciones que experimenta la protagonista en cada una de las situaciones que se le presentan, tanto en la manera de abordarlas como de vivirlas.

De esas novelas que las fajas promocionan como novela negra psicológica.

El porqué del enfoque acaba entendiéndose en las últimas páginas de la novela cuando el comportamiento de la joven detective se hace comprensible al darnos a conocer cual fue la enfermedad padecida y como eso trastornó su crecimiento mental.

También se facilita información sobre su infancia lo que también ofrece algunas claves para entender otros aspectos que la inquietan de forma permanente.

El desarrollo de la trama policial luciría más, pese a ser pulcramente ortodoxa en su justificación y despliegue, de no quedar eclipsada por las proyecciones de la protagonista que si resulta en exceso heterodoxa.

Al terminar de leer queda la sensación de que podría haber sido mejor, y que el título engaña, y que de haber continuidad en la serie hay que trabajar la integración de la trama exterior y las vivencias interiores de la protagonista. Ambos aspectos son muy potentes pero no se han beneficiado de su asociación.


Harry Bingham tenía un buen material de partida con esa enfermedad, ese síndrome, ese delirio de la negación, prácticamente desconocido y de trascendencia aterradora, y podría haberle sacado mucho más rendimiento creando una trama más compleja y turbadora, pero por algún motivo se le ha encogido el brazo.

Tal vez ahora, ya sin los nervios de la primera novela, consiga soltarse y ofrecer mayor riqueza en matices.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Getafe Negro y Japón

Con la presencia japonesa, como país invitado, en el próximo Getafe Negro a celebrar entre los días 18 y 26 de octubre en su séptima edición, recuerden en este blog las novelas negras y policíacas de ese país reseñadas anteriormente.

Su lectura les proporcionará, sin duda alguna, una visión nueva, interesante y enriquecedora del género.

Por orden alfabético:


Keigo Higashino

            La devoción del sospechoso X

Natsuo Kirino

            Out

Miyuki Miyabe

            El susurro del diablo
            La sombra del Kasha
            R.P.G. Juego de Rol

Fuminori Nakamura

            El ladrón

Masako Togawa

            La llave maestra

jueves, 4 de septiembre de 2014

Agatha Raisin y la quiche letal de M. C. Beaton

Agatha Raisin y la quiche letal es una entretenida novela que provoca sonrisas y sorpresas a partes iguales; un whudunit que se encuadra en la corriente conocida como Cozy Mistery, 'esa en donde el sexo y la violencia está minimizados o son tratados con una buena carga de humor' (como describe el blog Hermanas del Crimen Perfecto).

Y va camino de consolidar una interesante simbiosis entre la narrativa irónica, divertida, ridiculizante y con situaciones perfectamente sincronizadas de P. G. Woodehouse, en sus abduciones de urbanitas londinenses y reapariciones en medio del caracter rural inglés, y la narrativa intrigante, jeroglífica, entretenida y criminal de Agatha Christie, con sus asesinatos rurales en donde un pequeño pueblo reproduce a escala el mismo nivel de maldad que las grandes ciudades.

Agatha Raisin, la protagonista, en una relaciones públicas londinense de 53 años y un carácter muy especial que decide vender su empresa y con las ganancias retirarse a una pacífica vida campestre en los Cotswolds a menos de dos horas de Londres.

Los Cotswolds, una región de inmensos prados y suaves colinas salpicada de pueblecitos con casitas propias de gnomos, marcaron su infancia; y su recuerdo de niñez ha decidido su futuro como adulta independiente.

Cambia el selecto barrio de Mayfair londinense por el pequeño pueblo de Carsely; un apartamento con todas las comodidades por un cottage tan auténtico como que es de los que tiene el tejado de paja, y la adaptación a la nueva situación resulta díficil como no podía ser de otra manera.

Y tampoco ayudan sus nuevos vecinos, muy amables cuando se trata de hablar del tiempo pero más esquivos a considerar como uno de los suyos a una forastera que empieza actúando con una vecina como si negociara un contrato en la jungla habitada por publicistas o periodistas.

Así que decide hacer un esfuerzo para ganarse un hueco en ese entorno tan jovial, solo en apariencia, y el 'Gran Concurso de Quiches' le parece la ocasión perfecta para darse a conocer. Solo que su intento se ve truncado por la accidental muerte de un miembro del jurado resultado de comer su quiche de espinacas.

Agatha Raisin que lee a Agatha Christie para aliviar su pesar y entretenerse se ve tan espoleada por la lectura y el aburrimiento como para encarnar a una miss Marple, más joven y ágil, y ensuciarse las manos en la masa de lo que, cada vez está más convencida, se trata de un asesinato.

Agatha Raisin es un personaje de físico anodino y figura regordeta pero con un carácter fuerte que se retrata perfectamente en este brillante y demoledor párrafo:

"... pensó Agatha al sentarse en el comedor del Hotel Haynes. Se encendió un cigarrillo y miró sombríamente el tráfico que chirriaba por Mayfair.

El hombre sentado a la mesa de detrás de la suya empezó a toser, se atragantó y agitó su periódico, irritado. Agatha miró su cigarrillo encendido y suspiró. Luego levantó la mano y llamó al camarero.

- Saque a ese hombre de la mesa que tengo detrás - le pidió - y búsquele otra. Me está molestando."

Marion Chesney es una escocesa, que cuenta con 78 años de edad, prolífica autora de novela romántica que firma indistintamente con su nombre y con diversos seudónimos.

Y con el seudónimo M. C. Beaton es la autora con dos largas series de novela policiaca protagonizadas, una por Agatha Raisin (con veintícinco novelas publicadas) y la otra por Hamish Macbeth (con treinta novelas).

Agatha Raisin y la quiche letal es la primera de la serie. Ahora solo falta esperar las traducciones, aunque leída ésta parece que la espera merecerá la pena.