martes, 26 de agosto de 2014

Los ladrones no pueden elegir de Lawrence Block

1ª novela de la serie
Bernie Rhodenbarr es un ladrón de guante blanco que reniega de la violencia y que roba lo justo y necesario, siempre elegido comedidamente, para ir tirando.

No entra en su código delictivo aceptar encargos, pero cuando le ofrecen 5 de los grandes por algo tan sencillo como entrar en un apartamento y sustraer una pequeña caja forrada de piel azul de un escritorio (un juego de niños para sus habilidades) no puede resistirse a una ganancia tan esplendida como fácil ni tampoco al misterio que supone que en el encargo figure explícitamente que no debe abrir la caja.

Retar a un ladrón de altos vuelos a que no abra algo cerrado es como pedirle a un músico de jazz que no improvise en un directo.

Claro que Bernie no piensa en el momento de aceptar el encargo que a veces lo sencillo puede esconder complicaciones imprevistas e inimaginables, tanto como para volverle a uno la vida del revés.

Y de simpático y anónimo ladrón pasa a convertirse en sospechoso de un asesinato y no tiene más remedio que implicarse en su resolución, no por vocación detectivesca sino por vocación a sobrevivir fuera de la cárcel.

Secreter donde encontrar
la caja forrada de piel azul
New York, la ciudad, va a conocer las idas y venidas, de un Bernie, a veces disfrazado, empeñado en limpiar su nombre para regresar a una vida que probablemente ya no vuelva a ser como antes: la televisión se ha encargado de darle a conocer notoriamente y todos sus vecinos de escalera ya saben que saludaban a un ladrón. Pero como mínimo, si lo consigue, recuperará la libertad.

La novela Los ladrones no pueden elegir, la primera de la serie, es tremendamente absorbente y con un ritmo que no decae. Tiene además las páginas necesarias para que el caso se despliegue en toda su amplitud y las páginas justas para que no haya relleno baldío.

Por ese motivo no dispone de complejo trasfondo psicológico en las acciones de los personajes, ni largas descripciones ambientales, ni ensayos cientificos sobre la meterología ni sesudos y rebuscados pensamientos interiorizados.

Es simplemente, y afortunadamente, una novela negra de bolsillo escrita para ser manoseada rellenando un fugaz espacio tiempo de forma agradable.

Lawrence Block el autor
Bernie Rhodenbarr es protagonista de al menos diez novelas (no todas traducidas aún) de una de la diversas sagas que tiene escritas Lawrence Block (que tal vez sea más reconocido por la protagonizada por Matt Scudder), este escritor americano con una envidiable capacidad para construir argumentos convincentes de forma concisa y dotarlos de un humor inteligente propiciando unas novelas de lectura fácil, amena y adictiva.

Lawrence Block es alguien a quien seguir, y su amplia producción lo hace acreedor de muchas horas de disfrute garantizado.

Supe de él por la reseña en el blog de Alice SIlver a quien agradezco que me lo diera a conocer.

Y si me he puesto a leerlo ahora es porqué en el blog de Aramys, éste hacia especial mención recientemente a los finales sorpresivos, marca de aguas de este autor, y es algo que siempre me convence (aunque él se refiera a la otra saga protagonizada por Matt Scudder).

Si les gustan las de ladrones no deberían dejar de ver la serie de televisión 'Ladrón de guante blanco' y/o agarrar los cómics 'Ladrón de ladrones', aunque solo tengan como parecido con Bernie Rhodenbarr el oficio.




jueves, 14 de agosto de 2014

Felidae por Akif Pirinçci

Francis es el protagonista
de Felidae
¿Son ustedes amantes de los gatos? ¿Acaso conviven con uno o más de ellos? ¿Creen saber lo que hacen en sus sigilosas idas y venidas, interpretan el significado de sus maullidos y de sus bufidos? ¿Hablan su idioma? ¿Está Catwoman entre sus heroínas?

Tal vez crean que saben bastante de ellos, pero seguramente después de leer esta novela, los miren con otros ojos y los traten de otro modo…

Felidae es una novela negra interpretada por gatos; por esos felinos aparentemente domésticos, silenciosos, ágiles, independientes y muy suyos que comparten su vida con los humanos porqué les apetece, pero que no pertenecen a nadie.

Francis es nuevo en el barrio y lo primero que procede es una exploración para identificar las ventajas e inconvenientes de su nuevo hábitat, claro que no imagina que entre sus descubrimientos se halle el cuerpo de un congénere de especie.

Francis es un gato.

Y da mal rollo para un gato, encontrarse con otro gato muerto.

Y Francis decide identificar la causa de la muerte ya que si es obra de algún humano por odio a los animales, su vida también está en peligro.

Sabe que su abrelatas, o sea su dueño, el que le suministra comida, no va a creer en sus sospechas y no va a compartir sus miedos por lo que no le queda más remedio que conjurarse con la colonia de gatos del vecindario y llevar a cabo su propia investigación.

Akif Pirinçci el autor
El tratamiento animal le permite al autor, Akif Pirinçci, tratar temas sociales y éticos desde una perspectiva distinta en la que los humanos no son el ser dominante de las especies sino una más de las que conviven en el planeta.

Y le permite explicar que las relaciones entre especies presentan aspectos filosóficos de convivencia no resueltos ya que la humanidad no entiende la necesidad de convenir sus decisiones con seres inferiores. Soberbia extrema.

Es ésta una novela negra y policial con más calado del que se le supondría y aunque en sus inicios no facilite la continuación en la lectura, hay que darle un poco más de margen para descubrir que no estamos ante lindos gatitos sino ante verdaderos psicópatas de puntiagudas orejas.

Gatos que representan estereotipos de la raza humana y configuran una antropomórfica novela cargada de ironía peculiar sentido del humor pero que aporta al género la notoriedad de sus protagonistas.

La serie tiene ya cinco novelas en su idioma original y se ha visto proyectada en cine. Amigos/as de los gatos, están ante un festín para relamerse los bigotes. Amigos/as de la novela negra, están ante una curiosidad no exenta de interés.

Y en la misma línea gatuna y antropomórfica, los cómics de Blacksad pueden ser el complemento ideal. Recuérdenlos aquí.




lunes, 11 de agosto de 2014

Killer Women

Entradilla televisiva de la serie Killer women
Killer Women es una fallida serie televisiva; un policial americano con la Ranger Molly Parker (interpretada por Tricia Helfer) como protagonista y sobre la que recae todo el peso argumental, y al decir todo es exactamente lo que se quiere decir.

La serie presenta un inicio que hace presagiar que estamos ante algo que promete: una mujer morena, de rasgos latinos, de marcadas curvas encerradas en un ceñido y corto vestido rojo con zapatos de alto talón a juego y un asesinato ejecutado al más puro estilo entre el arte de Tarantino y el de Rodriguez.

Espectacular e impresionante Nadine Velázquez en su papel matador
(clic sobre la foto para agrandar)
Pero todo se reduce a un espejismo que desaparece en cuanto desparece la mujer del vestido rojo perseguida por la policía. A partir de aqui la serie pasa de prometedora a decepcionante y previsible. Tanto que al sexto episodio, y debido a la baja audiencia registrada y a las malas críticas recibidas, ha sido cancelada, pasando por internet los dos episodios que faltaban hasta los ocho inicialmente previstos.

Promocional de la serie
(click sobre la foto para agrandar)
Seguramente pensaban en un contenido más caliente a tenor de las creatividades diseñadas para su promoción (la foto es elocuente) pero por el motivo que fuese esta línea argumental no tuvo desarrollo y la serie se ha quedado a medias entre una serie policial de ambiente rural y una sitcom de familia con hijas adolescentes y problemas económicos que transcurre en la ciudad de San Antonio en el estado de Texas.

La serie se apoya en exceso en su protagonista, la Ranger Parker, una ex reina de la belleza, críada al modo de vida granjero de un rancho e hija de un shériff; que sufre maltrato en su matrimonio con un senador, y que lo sufre en silencio mientras intenta conseguir un divorcio que la justicia le escatima.

Mientras, alejada de su hogar de casada por las circunstancias evidentes, ha regresado a su origen y vive su vida en el rancho familiar cobijada por su hermano, su esposa y sus dos hijas, y experimenta de nuevo el amor con Dan Winston (Marc Blucas), un agente encubierto de la DEA con misiones constantes y una especial predilección por la aviación.

La Ranger Parker resulta tan eficaz en su vida profesional como desastre en su vida íntima: capaz de enfrentarse a la muerte sin temor y no ser capaz de denunciar a su marido, que no tiene ni media bofetada en una pelea cuerpo a cuerpo con ella, por no entender la subyugación psicológica en el sentimiento equívoco de culpabilidad de la víctima de malos tratos y que en cambio si sabe aplicar en los casos que resuelve.

La serie se apoya tanto en la vida de la protagonista que a veces parece que el caso criminal que hay que resolver en cada episodio es el relleno, es la subtrama, y no el verdadero leit motiv argumental.

Titularla Mujeres asesinas y hacer que lo sean, tampoco ayuda; ya que la sorpresa por descubrir al culpable desaparece en el mismo momento en que se conocen los posibles sospechosos. ¿No es díficil, verdad?

Tricia Helfer como Ranger Parker
Tampoco se enriquece con el notorio potencial que ofrece el cuerpo policial de los Texas Rangers con una gran tradición historica detrás que se remonta a la época del Far West y que al desaprovecharlo para darle al argumento unas bases consistentes, si se está cometiendo un delito.

Tal vez la culpa sea de haber aprovechado el material de la serie original del mismo nombre y factura argentina, dicen que mucho mejor y con un enfoque de bueno/malo diametralmente opuesto, y no haberlo sabido trasplantar adecuadamente tanto a la mentalidad como al nuevo entorno americano elegido. 

Sea como fuere, la serie se puede ver, no resulta ningún desastre de magnitud medible, y aunque no enriquece la parte intelectual del espectador es agradecida a la vista.


lunes, 4 de agosto de 2014

La marca del meridiano de Lorenzo Silva

La marca del meridiano no es una de esas novelas río ni una saga histórica, ni un ejercicio existencialista, ni una novela costumbrista ni un onanismo intelectual comprensible para solo unos cuantos, que tanto gustan a los jurados y que casi siempre resultan premiadas; La marca del meridiano es una estupenda novela policíaca. De las de siempre.

Una novela policíaca que se ha embolsado el Planeta, una verdadera hazaña de reconocimiento y acercamiento al género aunque ciertamente las últimas tendencias del mercado algo habrán tenido que ver.

Si el post ha tardado tanto desde que se publicara la novela no lo achaquen a vagancia sino al más que evidente recelo que producen los premios y más cuando los que los dan no hayan sido adalides del género precisamente.

Malas lenguas han dicho que se ha premiado la trayectoria. Alguien ha añadido que se ha premiado la moda. Y hasta ha habido quien ha concedido que se ha premiado la oportunidad del momento: en crisis parece que solo vende novela negra, así que vamos a por ella.

Por suerte Lorenzo Silva, el premiado, tiene hace tiempo demostrada su valía y no necesita de este tipo de galardones para flanquearle la entrada a ningún templo de sabiduría, aunque a nadie le amargue un dulce.

Sea como fuere, premios aparte, estamos, una vez más, y viniendo de Lorenzo Silva no podía ser de otra manera, ante una novela bien escrita y bien construida. Una aventura más de una exitosa serie que tiene como protagonistas al sargento (hasta ahora) Rubén Bevilacqua, Vila para los próximos y los lectores, y a la agente (hasta ahora) Virginia Chamorro, investigadores de homicidios de la benemérita Guardia Civil.

Hasta la fecha, incluyendo la más reciente, son ocho las novelas largas que constituyen esta serie: El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente, La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro, La reina sin espejo, La estrategia del agua, La marca del meridiano y la recién sacada del horno Los cuerpos extraños.

Todas indispensables. Producto con denominación de origen y certificado de calidad.

Y lo son por la dimensión de sus personajes, sus caracteres, sus vivencias y sus experiencias con unas actuaciones convincentes por su verosimilitud ya que Silva cuida perfectamente de que todo lo descrito se corresponda con el género, evitando tópicos, y a su vez se corresponda con la realidad social. Y lo consigue sobradamente, de ahí que su lectura resulte tan fácil y amena a la par que interesante.

Meridiano de Greenwich a su paso por
España y delimitando Catalunya
A La marca del meridiano le sobran los chistes fáciles, esos sí que son tópicos, sobre Catalunya y los catalanes; en momentos de efervescencia nacionalista estos chascarrillos aún se ven más trasnochados y básicos de lo que son. No le hacían falta. El humor ya está presente en la relación entre Vila y Chamorro. Y ese sí que es inteligente.

Y le sobra también un cierto adoctrinamiento que parece inclinarse más hacia un cuerpo policial que otro. Tampoco se ve necesario para la evolución de la trama tomar partido más allá de dejar claro el posicionamiento de cada cual.

Pero todo esto queda en segundo plano pues echábamos mucho de menos a Vila y Chamorro y ahora que nos hemos reencontrado no vamos a afearle a su autor esas minucias que, con lo puntilloso y meticuloso que es en su escritura, si lo ha puesto sus motivos tendrá.

A esta pareja, de la Guardia Civil se entiende, la conocimos joven y con ellos hemos madurado y hemos celebrado sus éxitos y sus ascensos en el cuerpo y hemos lamentado que no le den más alegrías al propio ya sean juntos o por separado.

El título La marca del meridiano no solo se refiere a una delimitación geográfica como se podría desprender a la primera de cambio, sino que añade un significado de línea roja que no hay que atravesar.

Y le da significado al arma del argumento al que carga con fuertes críticas, con más evidencia y notoriedad que en novelas anteriores, apuntando especialmente a la corrupción, sin dejar de disparar contra la explotación para prostitución y el tráfico de drogas por bandas organizadas, que giran alrededor de un guardia civil asesinado despiadadamente y que tenía una relación más que personal con Vila.

Por todo eso tal vez al autor se le ha ido un poco la mano y ha primado la crónica a la fábula y tal vez por eso no es la más redonda de las publicadas.

Lorenzo Silva hace hablar al pueblo a través de su pareja de investigadores haciendo honor a la definición que dice que la novela negra es la crónica histórica de un momento social (comprometido).

Lorenzo Silva es uno de los pilares de la novela negra española.





viernes, 1 de agosto de 2014

Los lectores de novela negra, policíaca, interrobang

Los/as lectores/as de novela negra, novela policíaca, novela enigma… o sea novela interrobang, somos semper fidelis para con el escritor/a hasta que el vuelo de una mosca nos distrae de nuestro firme compromiso.

Vale digámoslo de una vez: somos de lo más promiscuo que anda leyendo sobre la tierra. Saltamos de un autor a otro sin dudarlo ni un instante. Nos estamos abrazando a uno y ya le hemos echado el ojo al de al lado.

Promiscuos y precoces: desde pequeños ya estamos dándole. ‘Os vais a quedar ciegos de tanto hacerlo’, bueno ciegos no, pero más de un miope si que hay.

La pasión por la lectura entra en cuerpos púberes y hace de ellos su guarida. Y ya nunca los abandona. El demonio en el cuerpo. La enfermedad de la lectura no tiene cura: si no lees te mueres, antes, y cuanto más lees más necesitas seguir haciéndolo. Leer, me refiero.

Leer para poder seguir leyendo. ¿Acaso hay otra razón? (si, vale, pero esta también)

De ahí que no haya autor que por si solo pueda satisfacer tan tremendo furor. De ahí que necesitemos tener varios a mano para ver y tocar sus obras y sentir como sus emociones y las nuestras confluyen en el placer común.

Nos abrazamos a la nueva novela sea quien sea que la haya escrito sin ningún pudor, remordimiento ni sentimiento de culpa, aunque la religión se haya empeñado en inculcarnos lo contrario, aunque por sus actos los conoceréis.

Nos metemos en la cama con cualquiera sin distinción de raza ni nacionalidad; hoy dormimos abrazados a un nórdico/a y en cuanto acaba la fogosidad ya estamos metiéndole mano a un/a argentino/a o sobando un/a canario/a, de los/as que escriben no de los/as que pían.

San Fidel, como encarnación de la fidelidad, no es santo de nuestra devoción. No es la festividad de los lectores de género, más propensos a la cultura del culo (libro) veo, culo quiero.

Vamos a las librerías a pecho descubierto, es un decir no una realidad (para pena de algunos) buscamos y a veces acertamos y disfrutamos del deleite que supone el conocimiento de un nuevo cuerpo y otras renegamos de la elección que no nos ha producido ningún placer. Uno más de lo mismo. Puaj!

Pero olvidamos rápido el desengaño y de nuevo ya estamos buscando sobre la mesa o en el escaparate quien nos haga tilín. Y nada más agarrarlo y sentir su palpitación en la mano ya notamos las mariposas en el estomago que se manifiestan siempre al inicio de una nueva relación.

Y cuando lo abrimos ya vamos hasta el fondo. Sin preliminares, a pelo, donde nos coja, sin protección. Vivimos peligrosamente.

Es lo bueno que tiene el leer, que no precisa de hueco en la agenda ni de planificación que le reste espontaneidad.

Es un aquí te pillo aquí te mato: en un banco del parque, en la playa mecidos por la brisa marina, al lado de una piscina con una cerveza al lado, en la butaca de un avión, en el compartimiento de un tren de largo recorrido, en la cama de un hotel con servicio de habitaciones… en país propio o extranjero, tópico o exótico, viendo caer la lluvia o ante una puesta de sol…

Cualquier lugar. Cualquier momento. Leemos porque nos gusta. Y lo hacemos solos o en compañía, que resulta más gratificante. Leemos porque hay autores/as que escriben.

A todos/as ellos/as, a todos/as vosotros/as gracias por escribir y gracias por no pensar en dejar de hacerlo. Gracias por escribir por y para nosotros.

Sin vosotros las editoriales no existirían; ni las librerías ni los libreros; ni las bibliotecas ni las queridas bibliotecarias (alguno no podría subir más tweets al respecto).

Y nosotros, lectores y lectoras existiríamos pero agostados en un rincón.

Y aunque sea agosto nada de hacer vacaciones, prometeos encadenados sois y seréis, y a seguir escribiendo que nos habéis viciado y no podemos dejarlo. Sois nuestros camellos de cultura y necesitamos nuestra dosis (la cultura no es un lujo es una necesidad) y estamos ansiosos de obtenerla.