lunes, 26 de diciembre de 2016

Everybody’s gone to the rapture

Everybody's gone to the rapture, caratula
Estamos ante un juego de mínima interacción, contemplativo. Recorremos atónitos el valle de Yaughton, en el condado inglés de Shropshire, donde el pueblo y las granjas aparecen sin vida. No hay nadie, solo luces. Las luces suplen las personas.

Como juguetonas luciérnagas nos acompañan en un deambular sosegado entre avisos de cuarentena clavados en las puertas, coches vacíos, objetos abandonados, coladas desatendidas, gotas de sangre y pájaros muertos.

Los receptores de radio emiten informaciones angustiosas. Los teléfonos retienen las últimas conversaciones.

Escucharlos, accionar interruptores, entrar en algunos edificios, capturar diálogos de luces y abrir puertas es el nivel de interacción: hay que asumir, pues, que mantendremos una actitud prácticamente pasiva a lo largo de toda la historia; a cambio vamos a ser los elegidos para conocer lo que pasó. Lo que motivó el vacío.

Son las 6:37 de la mañana del día 6 de junio de 1984 y estamos ante una situación que pronto se adivina como post apocalíptica pero de la que desconocemos todo y está claro que tenemos que investigarlo.

Everybody's gone to the rapture: secuencia de la estación de ferrocarril

Everybody’s gone to the rapture es un juego, en primera persona, absolutamente sosegante por sus desplazamientos deslizantes y para nada apresurados y por su música envolvente de agudos y púberes cantos al principio y más graves y adultos hacia el final.

Con un detalle asombroso en el diseño aún en las cosas más nimias y con el esmero que surge solo cuando el trabajo es oficio y el oficio placer. Es un juego concebido para disfrutar de su belleza inquietante.

Everybody's gone to the rapture: en el bosque, siguiendo la luz

Donde el recorrer los caminos y las carreteras, cruzando campos y rozando plantas oyendo el susurro del viento, el trino de los pájaros, mientras queden con vida, y el zumbido de las abejas va acompañado de los cambios de luz a medida que transcurren las horas. Y en la oscuridad de la noche todo es paz.

Un juego para jugarlo absolutamente a oscuras: las luces hablan por sí solas.Y las músicas son efectivas nanas que no incitan al sueño sino a soñar.

Un juego que deseas acabar pero solo para conocer la respuesta al enigma pero que bno quieres que se termine; no importa llegar al final ya que no hay premio por lograrlo y el disfrute está en jugarlo.

Totalmente heterodoxo en su planteamiento y en su desarrollo no se puede evitar el quitarse el sombrero ante lo tremendamente hipnótico que resulta el conjunto.

Everybody's gone to the rapture: los objetos inanimados
refuerzan la ausencia de vida

The Chinese Room es el estudio responsable de esta maravilla narrativa no lineal, con un argumento absorbente y una banda sonora que de pertenecer a un film sería candidata a premios.

Estudios con más renombre y mayor presupuesto deberían tomar ejemplo de lo que se puede conseguir anteponiendo argumento, estética y mensaje a efectos especiales, acción trepidante y nulo o vacío contenido. Ah! y con un doblaje al castellano perfecto.

Absténganse fanáticos de plataformas y buscadores de acción trepidante; todos los demás ya deberían estar jugando. Disponible para PS4 y PC Windows.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Están matando a los grandes chefs de Nan e Ivan Lyons

Crímenes espeluznantemente artísticos
y con un exquisito toque bon vivant.
Privar al mundo de las exquisiteces artísticas y gastronómicas de los grandes chefs, no solo por lo que hacen sino por lo que aportan permitiendo que otros muchos cocineros también sean generosos, es tan relevante como si se hubiera impedido a los genios del Renacimiento legarnos sus obras.

Un chef es un artista. Sus platos son obras de arte. Fruto de horas y horas de dedicación, ensayos, fracasos, pruebas y más pruebas hasta conseguir el resultado perseguido. Ha elegido cuidadosamente los ingredientes, el modo de cocinar cada uno y su presentación al servirlo. Ha buscado armonía de sabores, olores y colores. Ofrece un cúmulo de sensaciones al comensal concentradas en el poco tiempo que tarda el bocado en ser olido y degustado; tan efímero como una armonía musical, como el pico de un orgasmo, como el ensimismamiento que producen unos fuegos artificiales; tan efímero y tan placentero.

Y para ello no se necesita incorporar química ni cobrar abusivamente, aunque a la obra pictórica no se la tasa por la cantidad de pintura empleada ni a la escultura por el precio por kilo del material adquirido. Todo hay que ajustarlo a su contexto.

Asesinar a un chef, a uno de los grandes, a uno de los pocos, es absolutamente denostable y sin embargo alguien lo está haciendo; alguien se ha propuesto tal cometido y lo ejecuta con tal precisión en el detalle que su mise en place transmite la seguridad que tiene el artista antes de interpretar su solo; en este caso, su crimen.

Están matando a los grandes chefs con brillante planificación y mejor ejecución, los crímenes son espeluznantes y artísticos; cómicos sino fuera por lo trágico de su resultado. Cada asesinato busca en su mise en scène el paralelismo con el plato estrella de la víctima y el efecto final traspasa el simbolismo consiguiendo hacerle la boca agua a cualquier caníbal.

La novela incide en la crítica del ego sublimado que se les supone a los grandes chef y lo trata con humor satirizante evidenciando sus manías paranoides. Tiene en Natasha O’Brien, una gran repostera, activista feminista y columnista gastronómica, a su protagonista principal ya que las circunstancias la sitúan en tiempo y lugar de tal modo que resulta siempre la mejor sospechosa.

La secundan su ex marido Max Ogden, propietario de una cadena de Omelette fast food y Achille Van Golk alabado gourmet y editor de la revista Lucullus tan excéntrico como para emplear un exclusivo cognac como enjuague dental, vermut como colonia o de acomodarse a una dieta de adelgazamiento basada en exquisiteces de alto coste a base de reducir la cantidad pero no de prescindir de ninguna.

Cartel de la versión cinematográfica
de la novela
Achille Van Golk, verdadera alma mater de esta novela, es un egocéntrico, mordaz e insufrible snob (no se me ocurre nadie mejor para interpretarlo que RobertMorley que lo protagonizó en su versión cinematográfica de 1978, que no he visto (y salvo que alguien me convenza de lo contrario no pienso verla), titulada Pero… ¿quién mata a los grandes chefs? que contó además con Jacqueline Bisset, George Segal, Jean Pierre Casel, Philippe Noiret y Jean Rochefort, dirigidos por Ted Kotcheff y con música del gran Henri Mancini).

Nan e Ivan Lyons, que escribieron la novela en 1977, han combinado sabiamente los ingredientes para ofrecer un poco de todo, novela policiaca e inteligente comedia, humor y tensión, diversión y conocimiento gastronómico (no me importaría nada pero nada seguir los menús de la dieta de Achille Van Golk) con aporte extra de las estimulantes recetas, a título póstumo, de los grandes chefs asesinados.

Todo un placer sino fuera por el pésame, o sea un pésame placentero.

El recuerdo que les dejará la novela será tan efímero como su lectura pero durante la misma experimentaran buenas y agradables sensaciones, sobre todo a nivel de paladar (mucho mejor que la visión de la insulsa y absolutamente impropia cubierta tan estimulante como una comida de hospital. Sin sal).

Bon appétit!

domingo, 18 de diciembre de 2016

Olmos y Robles

Olmos y Robles similares pero distintos.
Agustín Gus Robles (Rubén Cortada) es un teniente de la Guardia Civil curtido en peligrosas misiones orientales que por un acto temperamental, que según el código del cuerpo se corresponde con una insubordinación, es abandonado en la casa cuartel de Ezcaray, donde tendrá que relanzar su carrera trabajando codo con codo con el cabo primero Sebastián Sebas Olmos (Pepe Viyuela).

Olmos y Robles, la serie.

Los vecinos de Ezcaray, pueblo de La Rioja cercano a Logroño, encarnados por los actores capitulares y secundarios de lujo, acogen cariñosamente la incorporación del teniente a la gran familia, al tiempo que siguen dirimiendo sus contiendas cotidianas que nunca tendrán fin.

La clave de comedia se sustenta precisamente en estos personajes y sus cuitas y aunque por momentos emplee ese humor simplón y chabacano que parece que es el único que entienda la audiencia, durante la primera temporada está lo suficientemente dosificado como para que la comezón no llegue a urticaria aunque en la segunda temporada, como agua sin dique, se desborda la verborrea y el populismo y hace aguas por todas partes incluida su parte policial.

Hay excesos interpretativos y sobreactuaciones y paradójicamente se descubre que sea precisamente Pepe Viyuela el más comedido y quien aporte el humor más inteligente con guiños al género negro y policíaco.

En ese sentido destacar el episodio 10 (el 2º de la 2ª temporada) ‘Los asesinatos del Murder Club’ en el que la muerte busca escritores durante la celebración de un festival de novela negra en el pueblo.

Olmos y su pizarra de investigación a la española
La parte policial bien resuelta en la primera temporada y mal tirando a peor en la segunda tiene a Olmos y sus aficiones a leer novelas de género y ver series de televisión en el único capaz de aunar imaginación y lógica a sus investigaciones y atinar en la mayoría de conclusiones. Resulta perfectamente veraz que hoy por hoy la formación de un agente, en un pueblo alejado, se sustente más en los in-puts mediáticos, a los que está más y continuamente expuesto, que en cursos formativos organizados por el propio cuerpo. Pasa hasta en las mejores empresas.

No se consigue, sin embargo, que la química entre Olmos, a pesar de los atinados esfuerzos de este, y Robles de sus frutos; si bien el antagonismo está bien planteado para buscar la complementariedad de los polos opuestos, la exigida actitud distante y por momentos despreciativa de Robles por los asuntos mundanos de un recóndito pueblo, añadido al problema de dicción del actor, hacen que sea el bicho raro de la serie y tan poco útil como dotar de audio a una linterna.

Es lo que tiene vivir al límite en operaciones donde está en juego la estabilidad mundial y de repente haberse de preocupar en un pueblo por si alguien ha matado un cuervo blanco (episodio ‘El negro augurio del cuervo blanco’; cuervo blanco, por cierto, emblema de Getafe Negro, aunque sea casualidad).

Y si bien Robles ofrece, a pesar de su hierático aspecto o precisamente por tenerlo, una imagen de Guardia Civil moderna, amiga de la tecnología y preparada para eventos de exigente nivel formativo muy contrario al que el imaginario popular asigna a los agentes rurales de este cuerpo, son precisamente sus compañeros de la casa cuartel quienes se encargan de rebajar expectativas y con su escaqueo, indolencia y aparente poca capacitación insisten en darle la razón al pensamiento negativo.

Si la serie pretende homenajear al cuerpo casi que pierde en el envite.

El ritmo de la serie es de lo más destacado ya que han sabido llenar el largo metraje con acciones que complementan, pero que inevitablemente distraen la investigación y acaba como tantas otras series que aburren por el relleno, acentuado en la segunda para hacer bueno aquello de que nunca dos segundas temporadas fueron buenas.

Olmos y Robles y el resto de secundarios de la primera temporada
Por último destacar que en las diversas tramas conclusivas las hay que resultan inteligentes, exclusivamente en la primera temporada y es todo un logro habida cuenta de la poca capacidad de maniobra que ofrece un pequeño pueblo y aprovechan la diversidad de voces de los habitantes con los que cuentan para despistar y no caer en resoluciones previsibles.

Renovar la serie Olmos y Robles y no El Caso, crónica de sucesos y si El Ministerio del Tiempo pero después de mucho run-run mediático indica el nivel que el Gobierno de España le supone o quiere tenga la ciudadanía, RTVE mediante. Esa misma corporación que pagamos entre todos y que solo contenta a unos pocos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

No nos dejan ser niños de Pere Cervantes

Morir escuchando a Raphael
La muerte de una persona anciana por accidente doméstico o incluso suicidio es algo que en las apuestas se pagaría muy poco por su alta probabilidad.

Por tanto descubrir el cadáver de una anciana no tendría que despertar sospechas en la policía, pero un segundo cadáver ya suscita cierta alarma y hay que investigar por si hay patrón. Y si así fuera, determinar cuál y si puede ser causa de más víctimas.

No nos dejan ser niños es un título curioso para una novela negra pero tiene su razón en las infancias rotas prematuramente y que dejan sin satisfacer necesidades emotivas que permitan facilitar el paso a la madurez sin asignaturas pendientes ya que si no, se repite curso y se entra en un bucle desasosegante que se manifiesta llegando tarde a las citas y se acaba asesinando.

María Médem, una buena profiler en la época que trabajaba en homicidios, sale de su puesto rutinario asignado en su vuelta a la comisaria después de su baja por maternidad, para ponerse a las órdenes del inspector jefe Roberto Rial, llegado de la península ex profeso para esta investigación. Todo lo que sabe del oficio se lo debe a Roberto, todo lo mejor de su feminidad también.

Con Roberto Rial no hay horarios ni espacio en la mente para temas prosaicos: la investigación exige exclusividad hasta que se termina. Y eso significa que María habrá de multiplicarse en tiempo y capacidades para ser buena madre, tiene un hijo de meses; ser buena nuera, tiene una suegra que parece un ejercito de demonios; ser buena esposa, tiene un marido que solo comprende y satisface sus propias necesidades; ser buena amiga, tiene una vecina con problemas económicos… y encontrar también un poquito de tiempo para ella misma.

Y Menorca, la isla donde transcurre la acción, parece encogerse y hacerse aún más pequeña para dar cabida a la expansión que precisan sus sentimientos ante tal cúmulo de contrariedades. Ella tiene que ser buena y comprensiva con todo y todos pero ¿quién va a ser bueno con ella? ¿Quién tiene en cuenta sus necesidades?

Pere Cervantes escritor
Y así, mediante capítulos cortos y buen ritmo, la trama va desarrollándose por la isla al tiempo que va sembrando a su paso notas de humor retorcido como son los elementos encontrados junto a los cadáveres y sobre todo, y ante todo, y por si solo motivo de salida de este mundo, una canción de Raphael. Hechos que generan unas curiosas sospechas que son una nueva muestra de ese humor excéntrico.

Pere Cervantes tiene oficio como policía y oficio como escritor y esa doble vertiente se le nota al crear una ficción con visos de realidad de una forma fácil, rigurosa y amena. Al costumbrismo de la isla, gentes, comidas y paisajes, le añade unas muertes poco corrientes y unos asuntos domésticos y familiares peculiares y con mucho juego y consigue un resultado muy satisfactorio que se traduce en una lectura ávida.

La novela carga, además, con la evidente falta de gestos para que la traída y llevada conciliación laboral no sea solo una intención y denuncia la poca consideración que tiene nuestra sociedad hacia el esfuerzo que supone para la mujer sacudirse siglos de condescendencia casposa para ser tratada justamente.

Como primera novela presenta aspectos mejorables (y cual no, y quien no) pero que no descompensan al conjunto y seguro que ya se habrán detectado y aplicado en la segunda novela de la serie: La mirada de Chapman, ya en el punto de mira de este blog.


Raphael ‘No nos dejan ser niños’



domingo, 11 de diciembre de 2016

Res a perdre / Nada que perder de Joan López Rovira

La reseña en castellano al final de la de catalán

Mafia rusa
Res a perdre, publicada en català i castellà, es una novel·la negra de les de tota la vida, d’aquelles amb dones fatals, no només per la seva aparença sinó per la seva capacitat per a ser letals, amb gent anònima que tenen un passat d’allò més emocionant i alhora intrigant, amb clans de màfia rusa disputant-se el tall ja que ningú vol els ossos i enmig un perdedor que ja no te res més a perdre i que es converteix en el gatell que dispara una vertiginosa historia plena de trets i retrets, de venjances llargament desitjades i de passar comptes per ambicions mai completament satisfetes.

Novel·la curta però suficient per deixar un llarg i gustós regust d’aquelles lectures pulp de fa uns anys. La historia s’explica per si sola i per dir-ho ras i curt els paràgrafs son una bufetada rere l’altre de les que ni tan sols sentim el dolor, només l’espetec a la galta, doncs el nivell d’adrenalina no permet perdre el temps en bajanades i cal anar per feina. Cal enllestir abans no t’enllesteixin.

Com a l’Oest el que dispara primer te més números de sortir-ne viu.

Joan López Rovira
En Joan López Rovira ha retratat un instant d’una Barcelona que si no existeix poc li deu faltar; totes les ciutats tenen la seva part fosca quan no negra del tot on hi viuen els que viuen de fer malviure a la resta. S’organitzen de forma clandestina i per afinitat etnogràfica i es reparteixen els barris doncs hi ha negoci per tots si cap no cerca trepitjar l’ull de poll de l’altre.

L’autor fa que els protagonistes diguin sense embuts allò que han de dir, sense diàlegs florits, vet aquí un tòpic de pel·lícula, i que facin el que han de fer, sense romanços, que no val a badar. Quan et jugues la vida no hi ha temps per citar poetes, i l’autor vol que experimentem en primera persona aquesta sensació d’anar contrarellotge i contra tots.

Llegeixin-la i veuran com coincidim i si han de fer un regal a algú que llegeix novel·la negra aquesta es una bona opció perquè es probable que sorprenguin amb quelcom desconegut.


Versión en castellano


Mafia rusa
Nada que perder, publicada en catalán y castellano, es una novela negra de las de antes, de esas por donde transitan mujeres fatales, y no solo porque lo aparentan sino por su capacidad letal, donde gente anónima esconde un pasado tan emocionante como intrigante, con diversos clanes de la mafia rusa disputándose el solomillo ya que nadie quiere roer los huesos y en medio de todo un perdedor al que ya no le queda Nada que perder y que se ha convertido en el gatillo que dispara una trepidante historia llena de disparos y reproches, de venganzas largamente deseadas y de ajustes de cuentas por ambiciones nunca por completo satisfechas.

Novela corta pero suficiente como para dejar un largo y sabroso regusto a aquellas lecturas pulp de hace unos años. La historia se explica por si misma y para decirlo lisa y llanamente los párrafos son una bofetada detrás de otra de las que no somos conscientes de su dolor, solo del chasquido en la mejilla, ya que el nivel de adrenalina no permite perder el tiempo en tonterías y hay que centrarse en el trabajo. Hay que terminarlo antes no acaben contigo.

Como en el Oeste el que dispara primero tiene más números de salir con vida.

Joan López Rovira
Joan López Rovira ha plasmado un instante de una Barcelona que si no existe poco le debe faltar; todas las ciudades tienen su lado oscuro cuando no negro del todo donde viven los que hacen malvivir. Se organizan de forma clandestina y por afinidad etnográfica y se reparten por barrios ya que hay negocio para todos si la ambición no se desborda.

El autor hace que los protagonistas hablen yendo al grano, obviando lenguajes floridos, uno de tantos tópicos que han lanzado las películas, y que ejecuten las órdenes sin dilación, nadie puede distraerse. Cuando la vida está en juego no hay tiempo para citar poetas y el autor quiere que experimentemos en primera persona esta sensación de ir contrarreloj y contra todos.

Léanla y verán como coincidimos y si tiene pendiente regalar a alguien que lea novela negra esta es una buena opción porqué es probable que le sorprendan con algo que no conoce.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Indómito de Vladimir Hernández

En la venganza, la victoria tiene
siempre sabor agridulce.
Entre los distintos motivos que llevan a una persona a matar a otra, hay uno que si apela con carantoñas humanistas a nuestra particular escala moral de valores, atrapa nuestra simpatía. Y ese motivo es la venganza.

De inmediato nos ponemos en la piel de la persona agraviada y hacemos nuestras las razones que impelen sus actos; sale nuestra parte más cristiana, esa sustentada por la Biblia, la del ojo por ojo, y cegados ya no vemos, solo actuamos.

Si vuelves en ti consciente de que han intentado matarte, como sucede con Mario Durán, y no lo han conseguido lo lógico es que primero te pongas a salvo, no sea que vuelvan, y lo segundo es que les demuestres como se hace eso de matar, asegurándote de que aprendan quedando bien muertos. Y de eso va la novela.

La acción de Indómito transcurre en La Habana; pero no en esa capital que saluda al mundo desde su malecón de postal; tampoco la que atrae nostálgicos de cuando las revoluciones eran revolucionarias y se fotografían la lado de imágenes de los compañeros Camilo, Fidel y del icónico Che; ni esa que atrae singles de todo el mundo dispuestos a empapar sus oídos de, maravillosa mezcla criolla que conforma la, música cubana, el paladar a base de mojitos y con el secreto inconfesable de terminar la noche siendo húmeda montura de una joven jinetera.

La Habana de la novela es la de la otra cara del espejo. La que solo ven, conocen, viven y sufren los que en ella habitan, la que cada día barre para dentro ya que si se saca hacia fuera puede haber pena de sedición, la de los que forman cola por la puerta de atrás de la cocina de los hoteles para recoger lo que otros dejan y la conocemos por los pequeños detalles, que va desgranando el autor, más ilustrativos que si empleara abigarradas descripciones.

Decir que Indómito es una historia de venganza no es faltar a la verdad pero es quedarse corto. Indómito es además una historia de amistad y sobretodo de lealtad; de sacrificio generoso, como el que significa cuidar, por agradecimiento, a un desconocido al que ni su hijo visita y es también una crítica social que desvela que no todo lo que brilló bajo el sol de la revolución aún luce y que lo que encandiló a abuelos y padres ya no genera igual entusiasmo en los hijos y es que con solo pintura no se cubren los desconchones que ya no puede esconder por más tiempo el régimen.

Y lo hace desde una trama estructurada al modo de novela negra americana clásica ambientada en el Caribe. Hardboiled servido con ron. Con unos personajes que se definen por sus diálogos y sus comportamientos. Con una trama ágil que gana en complejidad y en crítica social; con un avance sostenido que alterna calma con velocidad y que esta se multiplica a la par que se avanza a lomos de una Harley y con unas acciones rotundas que marcan un punto y seguido, lo que indica que aún hay más.

Vladimir Hernández, escritor
Pero todas las venganzas se construyen a partir de una historia de sacrificios y dolor, de ahí que la victoria, para los vencedores, tenga siempre un sabor agridulce. Mario jamás podrá olvidar a Rubén.

Vladimir Hernández arranca esta novela negra con un golpe de efecto cliffhanger mostrando una gran capacidad para contar una historia muy bien explicada, pormenorizando incluso en el robo, para presentar personajes con tanta facilidad que casi no necesita describirlos e ilustrar que el crimen que se cuenta es solo el que se ve pero no por eso el único que existe.

Léanla y la recomendarán. Fué, sin duda merecido, Premio L'H Confidencial 2016.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Las violetas del Círculo Sherlock de Mariano Fernández Urresti

Una policiaca burbuja victoriana
ubicada en el siglo XXI.
Leer Las violetas del Círculo Sherlock es como montarse en el DeLorean y hacer dos paradas en el pasado. La primera a uno reciente, unos veinte años atrás y la segunda para alejarse unos cuantos más hasta finales del siglo XIX, exactamente al 1888.

Y es que el presente es un plato que se ha cocinado lentamente en el pasado aunque su degustación no sea del agrado de todos los comensales.

Sergio Olmos, escritor que puede vivir de serlo (vaya lujo), está preparando su nueva novela en la que pretende rellenar los años de absentismo social de Sherlock Holmes, esa parte secreta de su vida, desde que cayera en las cataratas de Reichembach hasta su reaparición, y para ambientarse se ha instalado en una casita de Sussex que incluso podría haber sido la misma donde viviera sus últimos días el afamado detective consultor.

Sus planes se ven trastocados después de que, al recibir una sospechosa e ininteligible nota, se cometa un asesinato, emulando el método empleado en 1888 por Jack el Destripador, en su ciudad natal de la costa norte española. Con el crimen el contenido de la nota cobra sentido y Sergio regresa para informar a la policía y colaborar en lo posible de lo que se antoja como una suerte de macabro juego de rol en el que se le ha retado a participar sin opción a descarte.

Sus amigos, miembros del Círculo Sherlock, de veinte años antes cuando eran estudiantes, también van a verse involucrados en mayor o menor medida por cuanto el asesino parece tener algún tipo de resentimiento hacia el desmedido conocimiento holmesiano del grupo.

Un grupo formado exclusivamente por varones, siete exactamente, que dedican las tardes de los viernes a lucir sus conocimientos sobre los 60 casos que conforman el Canon de las obras de Holmes, dejando de lado toda obra no acreditada o reconocido pastiche. El purismo los lleva incluso a vestirse de época y dirigirse entre ellos empleando el léxico pertinente.

El reencuentro despierta todo tipo de recuerdos, no todos gratos, y la investigación policial, también enturbiada por asuntos internos de la brigada, así como la presencia de otros habitantes de la ciudad, funcionarios, políticos, sacerdotes, testigos y víctimas también implicados por una u otra razón confieren suficientes voces y variados registros como para completar un rico a mosaico de relaciones humanas, sensibilidades e intereses de origen étnico y social tan dispar como interesante.

Jack el Destripador en un periódico de la época
Un tema y unos personajes perfectos para alimentar un casebook de juegos de rol.

Las violetas del Círculo Holmes es una policiaca burbuja victoriana ubicada en el siglo XXI, un rendido homenaje a las obras de Arthur Conan Doyle protagonizadas por Sherlock Holmes y John Watson (hasta 123 notas a pie de página dan la medida de cuanto beben de ellas) y un elaborado estudio de investigación sobre la macabra obra de Jack The Ripper.

Una intricada, absorbente e inquietante puesta al día de las atrocidades cometidas por quien aterrorizó desde finales del verano y parte del otoño de 1888 al barrio de Whitechapel londinense. Un análisis pormenorizado de sus bárbaros actos y un recorrido por los casos investigados por Holmes y Watson haciendo especial hincapié en porqué en ninguno de ellos hubo referencia alguna al Destripador.

Mariano Fernández Urresti
Mariano Fernández Urresti ha escrito una novela para goce de todo amante del género policíaco clásico pero especialmente dedicada a los fans del universo holmesiano. Sus continuas referencias y sus guiños, fruto de una laboriosa investigación y su gran habilidad para entretejer aquellos mimbres confeccionando los actuales cestos, harán las delicias de quienes ven en Sherlock Holmes algo más que una figura de ficción.

Las principales obras de referencia implicadas son: El Ritual de los Musgrave, El Gloria Scott, La aventura del Círculo Rojo y Escándalo en Bohemia.

Para ello se vale de distintas capas de información en una suerte de metalectura: los informes y autopsias elaborados en los casos del Destripador, los artículos de prensa del caso actual, las referencias a los casos de Holmes y Watson, los recuerdos de la época del Círculo Holmes, las acciones del presente… y consigue mantener el interés hasta la mismísima última línea de texto.

Tanta es la devoción que no ha podido sustraerse al deseo de superponer acciones criminales con paralelismos geográficos entre la localidad donde transcurre la acción y el barrio de Whitechapel donde acaecieron los hechos originales y tampoco a hacer partícipes a sus protagonistas del mismo universo otorgándoles un perfil psicológico ajustado a su nombre, jugando de forma cómplice con el lector (como hiciera Alberto López Aroca a su vez en Estudio en esmeralda y seguro hacen todos lo que viven en ese particular mundo). 

Son fácilmente identificables:

Sergio Olmos (Sherlock Holmes)
Marcos Olmos (Mycroft Holmes)
José Guazo (John Watson)
Tomás Bullón (T. J. Bulling)
Jaime Morante (James Moriarty)
Diego Bedía (Frederick Abberline)
Estrada (Lestrade)

El resto lo dejo a su sagacidad. Al finalizar la lectura, casi 700 paginas, todos sabremos un poco más sobre esos seres, ficción o realidad, que se llaman Sherlock Holmes, John Watson y Jack the Ripper.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La Brigada de Anne de Capestan de Sophie Hénaff

Un cruce entre Caso abierto
y Modern family.
La Brigada de Anne Capestan es de esas novelas que vienen a renovar el aire enrarecido en la actual habitación donde habita la novela negra. Una novela negra cada vez más autocomplaciente seducida por las alabanzas de editoriales y que cada vez denostan más lectores, de los de verdad. Si Fred Vargas abrió la puerta para dar entrada a nuevos paradigmas, ahora Sophie Hénaff abre una ventana para que salgan rancios tópicos.

Anne Capestan es una comisaria de policía readmitida después de ser investigada por Asuntos Internos pero relegada a un edificio secundario y asignada como jefa de una brigada compuesta por todos aquellos elementos, indistintamente del rango: agentes, comandantes, capitanes, tenientes… que son una piedra en el zapato y que por ese motivo son agrupados como un pelotón de apestados y desterrados para que no molesten.

Forman una banda de la que Anne Capestan es la jefe. Si fuese de música bastaría con que no desafinasen.

Claro que nadie contó con su prurito profesional y que el hecho de que no encajen en un sitio o con algún jefe con ojeriza no quiere decir que no sirvan, ni tampoco se pensó que este ostracismo lejos de sumir sus actos en la indiferencia iba a ser acicate de sus ánimos y sus deseos de vindicación profesional en busca del prestigio perdido.

El elenco lo conforman la comisaria a la que le cuesta controlar su ira, un normativista de asuntos internos rechazado por gay, un gafe al que nadie quiere por compañero, una escritora con serie de televisión propia, una ludópata, un chivato, un alcohólico, un exboxeador con conocimientos informáticos y un adicto a la conducción temeraria de vehículos.

A pesar de sus etiquetas no hay desesperación ni lamentos ni amargura por su destierro, así la brigada consigue positivizar su situación y conjuntar esos distintos caracteres e investigar varios casos abiertos que acumulan polvo olvidados por todos. O tal vez por todos no.

La trama es ágil sobre todo teniendo en cuenta que hay que presentar a cada uno de los brigadistas, nada menos que nueve, y a los altos mandos y que las investigaciones simultanean tres casos y que hay que acondicionar el edificio y que hay que moverse por París e incluso desplazarse a las afueras.

Es una novela policíaca de tratamiento ligero y diálogos con visos de humor  capaz de mantener la intriga del argumento criminal de cada investigación con lo que conforma una estructura narrativa muy rica en matices y escenas costumbristas en la que no hay descanso alguno.

Sophie Hénaff
Por su tratamiento ligero, a las antípodas del trascendentalismo tremendista, de la exposición sociológicamente trágica de los psicópatas y connotaciones morales, Sophie Hénaff  ha escrito, seguramente influye que haya sido columnista en Cosmopolitan, una novela que se asemeja a esas novelas inglesas de la edad de oro policiaca donde prima la investigación en entorno pintoresco con dosis de humor inteligente.

La novela otorga voz a la colectividad frente la autosuficiencia del héroe solitario y demuestra que el éxito también puede ser cosa de fracasados. Y que dos más dos pueden llegar a sumar cinco.

Es una lectura fácil y estimulante de la que habrá que esperar nuevas entregas para ver su evolución. Parece que se está pensando en su adaptación televisiva, lo que perfectamente podría parecerse a un cruce entre Caso abierto y Modern Family, lo que no deja de resultar interesante.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El suicida impertinente de Juan Luis Marín

Si tienes un J.M. en tu vida
puede ser tu perdición.
En El suicida impertinente J.M. orquestra su propia muerte planificando hasta el mínimo detalle las acciones previas al evento, las inherentes al propio acto de suicidio y, sobretodo, las posteriores que ya no serán realizadas por él pero si desencadenadas a través de la lectura de una simple carta; ya saben: lo de la pluma y la espada.

Y es que J.M. es ante todo un escritor y guionista y de ahí que sepa mucho de concebir escenas y de darles voz a los intérpretes. J. M. ha decidido suicidarse pero también vengarse ya que culpa de su anticipado e irreversible acto final a todos sus allegados.

Y sin en vida no supo o no pudo reivindicarse lo hará desde la muerte; va a suicidarse si, pero va a amargar a sus deudores siendo un suicida impertinente. Va a ser el titiritero que desde el más allá, liberado de toda responsabilidad moral, mueva los hilos para hacer bailar una macabra danza a los vivos.

Esposa, familia, amigos, compañeros de trabajo; donde abundan escritores, guionistas y periodistas conforman la comitiva del duelo lejos, muy lejos de imaginar que la muerte no es el final y que en el funeral empezará todo.

El suicida impertinente es una tragicomedia, truculenta historia narrada en clave de novela negra con mucho de comedia negra, que disecciona los comportamientos humanos desde la perspectiva de cuanto estamos dispuestos a apostar por nosotros mismos y cuan fácil es echar la culpa de nuestros sueños inalcanzados a la mala suerte o a los demás, culpabilizando de puertas afuera cuando igual habría que ventilar desde el interior.

Poco o nada podemos hacer desde la lectura más allá que asistir pasivamente a un espectáculo desde un rincón del back stage. No es un libro participativo es ilustrativo; entre atónitos y jocosos asistiremos al rodaje de la diabólica última obra de J.M. sin tener idea de cómo va a evolucionar la trama, aunque intuyamos que saltaremos de sorpresa en sorpresa hasta concluir en un retorcido final.

Y esto es El suicida impertinente una novela que consigue sorprender y entusiasmar, que toca teclas para conformar una melodía que resulte crítica con las personas, más que con la sociedad en genérico, y genere cierta incomodidad pero que no deje de ser agradable al lector.

Juan Luís Marín, escritor
Juan Luis Marín que nos deleitó con su novela negra Maldita nostalgia (reseñada aquí en este blog) nos ofrece ahora, en un giro a la ortodoxia del género, una novela breve que encierra un recorrido crítico por la memoria de cuando aprovechando el pelotazo de los medios todos los que podían sacar tajada no dudaban en hacerlo aunque las artes exhibidas para tal fin no fueran ejemplo de ética. Quien más quien menos tiene algo que esconder y que no quiere verlo exhibido.

El autor renunciando a personalizar sus protagonistas más allá de darles unas iniciales y emplear el genérico nombre de La Capital para designar la ciudad, nos está diciendo que pongamos nosotros mismos los identificadores. Porqué no tiene ninguna duda de que todos sabemos de alguien más cercano o lejano que podría haber interpretado alguno de los papeles de la serie, perdón de la novela.

Y ahí hay parte también de su crítica, regresa a La Capital, localización de exteriores para sus dos anteriores novelas, para demostrar que no hay que comportarse ni vestirse de malote para serlo; en La Capital se desarrollan todo tipo de historias y conviven todo tipo de personas y la maldad existe subyacente en cada una. Otra cosa es que se desarrolle y otra que tome las riendas; pero eso es otra historia.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Happy Valley temporada 2

Happy Valley donde la felicidad consiste
simplemente en no ser infeliz
La serie de televisión Happy Valley mantiene, en su 2ª temporada, su tono oscuro de drama policial tragicómico acreditado en la 1ª temporada y por el que sorprendió y agradó por igual a un sector de la audiencia televisiva desencantada de series, autoproclamadas policiales, más cercanas a chirigota que a realidades punzantes.

Y eso que la serie Happy Valley tiene su punto doméstico, lo que no significa que el hogar sea un refugio para estar a salvo de nada ni de nadie sino solo que en él la maldad habita bajo techo.

Sarah Lancashire en su papel de la sargento Catherine Cawood vuelve a estar impresionante. Su fortaleza se sustenta por la debilidad de quienes le rodean y dependen de ella: su familia, sus vecinos e incluso sus subordinados.

Si ella cede, todo se viene abajo; no puede permitirse ser débil y aún así por momentos se ve desbordada, aparece frágil y su aspecto más humano aflora en lágrimas y gritos. Sus gestos cariñosos son mínimos pero intensos, no puede ir con sutilezas ni puede aceptarlas; la rueda de la vida sigue girando y si se ella se detiene morirá aplastada.

Para entender y disfrutar plenamente de esta temporada es preciso haber visto la primera ya que lo que en ella sucedió es el punto de partida de esta segunda, más tenso si cabe ya que ahora la violencia física mostrada entonces se vuelve psicológica: la fascinante capacidad del psicópata para mostrarse lo suficientemente amable, indefenso e incomprendido como para hipnotizar a los débiles y arrastrarlos al lado oscuro para convertirlos en cómplices o víctimas.

Secundarios de la segunda temporada, todos de primer nivel

Una segunda temporada que pone a la sargento Catherine Cawood, un alarde de matices y registros interpretativos, como sospechosa de una serie de asesinatos en serie; que altera la vida de una vecina ante el temor de una venganza mafiosa; que intenta provocar un cisma en la especial relación con su nieto; que le obliga a ser amablemente inflexible con su hermana Clare; indulgente y tolerante con su hijo; solidaria con prostitutas y desfavorecidos; protectora y comprensiva con la nueva agente y a mantenerse dura y demostrarlo, a pesar de quienes dudan o de lo que sugieran las apariencias sobre la calidad inhumana de Tommy Lee Royce.

Calder Valley en el West Yorkshire sufre una vez la dicotomía que supone enfrentar el significado de su nombre en la serie, Happy Valley y sus verdes prados y calles ordenadas con los terribles asesinatos, trata de blancas y rencillas menores habituales. Una magnifica realización de Sally Wairwright que trabaja ya en la tercera temporada.

Si la serie es de culto para los amantes de las series policiales es porqué no renuncia a ser negra aunque resulte incomoda y su credibilidad se debe a la sencillez con la que extrae del alma de los seres humanos lo bueno y lo malo para exponerlo sin pudor renunciando a dar lecciones morales.

Catherine Cawood y la oveja:
una secuencia para la historia
Olvida la grandilocuencia de los efectos especiales y de las acciones a ritmo de thriller apostando por la cotidianeidad con diálogos y situaciones delirantes que, por momentos, siguen evocando a los Coen y a Tarantino (la secuencia de la oveja: como Catherine la cuenta a su hermana y el desenlace final son de antología).

Los seis episodios de la serie dan la medida justa para poder desarrollar en su plenitud cualquier trama y facilitan el compromiso de la audiencia de serle fiel ya que no se le exige devoción a lo largo de veintitantas semanas más los parones. La calidad de la BBC, con sus producciones que cuidan los detalles al milímetro: guión, dirección, escenarios, protagonistas principales, secundarios recurrentes y los secundarios protagonistas de esta segunda temporada, absolutamente creíbles y perfectamente adaptados… resulta una vez más incontestable y el mejor ejemplo a seguir.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El jardín de cartón de Santiago Álvarez

Cada uno tiene su particular
Jardín de Cartón donde
arden cuentas pendientes.
Las fallas son la ventana por donde el mundo mira a Valencia y para los valencianos son la noche de reyes de los niños: algo mágico, algo esperado, algo deseado y algo efímero.

Cada barrio de Valencia tiene su particular jardín de cartón habitado por figuras construidas con material inflamable listas para arder en cuanto se dé la señal. Pero cuando se disipe el humo los problemas seguirán existiendo y los que más tienen seguirán acumulando y los que menos tienen pueden llegar a perderlo todo.

La corrupción y los intereses económicos no son cosa del presente, vienen del pasado pero es ahora cuando los medios airean su origen, se conoce su alcance y se vituperan. Y es que toda acción no es sino una consecuencia de un hecho como las hojas lo son de una raíz.

El Jardín de Cartón es una novela multigénero, negra, policiaca y thriller, donde una pasión del pasado que ardió con tanto o más ahínco que los ninots falleros dejó los rescoldos donde hoy se asan venganzas, envidias y odios.

Laphroaig Scotch whisky
Mejías, detective privado a imagen y semejanza de los del cine americano en blanco y negro, a imagen por su sempiterna gabardina y su trasiego de whisky, eso si Laphroaig que no bourbon, y semejanza por su desasosiego existencial y diálogos con su conciencia, regresa con un nuevo caso que rememora ecos de su primero en La ciudad de la memoria.

La situación económica de su agencia, a punto de ser embargada por Hacienda, le impele a aceptar un caso que su ética rechaza y a venderse, en cuerpo y alma, aunque no se le pueda comprar.

Y así con la colaboración de su ayudante Berta, emprende dos investigaciones tan dispares como son desbaratar un intento de sabotaje a una de las fallas de mayor presupuesto y localizar una botella de un excepcional, por bueno y por desubicado, whisky autóctono llamado Ullal Blau, elaborado hace tanto tiempo, la primera mitad del siglo XIX, que nadie parece recordar su existencia.

Santiago Álvarez se acoge a la licencia de autor para hacer de Valencia un gran escenario icónico donde plantar su propia falla que no es otra que esta novela.

La falla, la novela, la construye con alegorías, críticas, denuncias y caricaturescos personajes que representan esos intereses privados sin escrúpulos que apisonan más que andan y le sirve para pasar cuentas con ese poder corrupto henchido de soberbia que desde la altura de su condición de ninot más grande se burla de las miserias que el mismo fomenta y que pisotea con desdén.

Pero a toda falla, por importante que sea, le llega su San José.

Santiago Álvarez
Las páginas de la novela le sirven a Santiago Álvarez de combustible acelerante para quemar su falla. Una falla que en su exterior es el atractivo argumento de la propia novela sustentado por una deliciosa e intrincada trama que es la estructura que sustenta la falla. Todo un oximorón en una Valencia que luce las fallas como un escaparate donde no todos los valencianos se reflejan.

Una novela que, como la cocina que con los mismos ingredientes reinventa sus platos, partiendo de los clásicos rejuvenece el género con una enorme carga de simbolismo para disfrutar en primera y segunda lectura a partir de los créditos que subtitulan cada capítulo..

Despidámonos con la música del agrado de Mejías


Chick Webb & his Orchestra Ella Fitzgerald - When I GetLow I Get High 1936

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Las pequeñas mentiras de Laura Balagué

Las pequeñas mentiras:
una novela policíaca de corte
clásico rabiosamente moderna.
Las pequeñas mentiras son eso que saben los conocidos de una víctima y que omiten explicar en los interrogatorios policiales por considerar que no tienen relación con el caso o simplemente porque quieren ocultar para no dañar la imagen o la reputación de quien yace cadáver pero deja familia. Sean omisiones voluntarias o por descuido son pequeñas mentiras.

Son esos secretos que todos ocultamos y que en una situación extrema pueden evidenciarse, por sorpresa y sin avisar, como objetos traídos por el mar y que resultan visibles cuando se retira la marea.

En Donostia con clima lluvioso y episodios de nieve en vísperas de Navidad se descubre el cuerpo de Cristina Sasiain, la co-propietaria de la peletería Astrakan, que yace muerta de un disparo en el suelo de su establecimiento con caros abrigos pintarrajeados de tinta a su alrededor.

Las pistas iniciales abren diversos frentes, desde un atraco que saliera mal a un renacimiento del impuesto terrorista hasta un exceso por parte de los ecologistas y defensores de los animales materia prima de la industria peletera.

La inspectora de la Ertzaintza Carmen Arregui, felizmente casada y con dos hijos, tiene hasta el mismo día de Navidad, el 25, para solucionar el caso sino pasará a otras manos.

Así, conciliando relación conyugal con su marido Mikel, ejerciendo de madre de sus hijos Ander y Gorka y de hija de su anciana madre, sin olvidar hermana y cuñado, va avanzando en el caso con igual lentitud y desesperación, por culpa de las pequeñas mentiras que le van contando, que se circula en coche por las calles de una ciudad atestada de gente ultimando compras para regalos y para comidas y cenas.

Pequeñas mentiras que va descubriendo en los distintos interrogatorios que realiza y que le obligan a recorrer el mismo camino una y otra vez y avanzar muy poco a poco.

Laurá Balagué incorpora a la
inspectora Arregui al elenco
policial del género
Laura Balagué ha escrito una novela policiaca de corte clásico porque en la lectura se van descubriendo las pistas al mismo tiempo que lo hace la policía. Y de trama sencilla, que no hay que confundir con simple, por el modo tan cotidianamente normal en que se desarrollan los acontecimientos tanto familiares como policiales y muy natural por el modo tan racional como se lleva a cabo la investigación policíaca.

Presenta una redacción limpia, bien construida gramaticalmente, con suficientes ironías que demuestran inteligencia y cultura, tanto de la autora como de la protagonista. Párrafos cortos y mucho diálogo hacen que la lectura sea muy fácil y agradable a la que ayuda un ritmo sostenido que no decae en ningún momento.

Ha huido de los estereotipos que están tan de moda para ofrecer una obra con gran encanto localista; con un personaje central muy humano con sus dudas, berrinches, frustraciones, ilusiones y satisfacciones sin recurrir a complejidades psicológicas de manual; con unos secundarios convincentes y con un crimen perfectamente pausible.

La inspectora Carmen Arregui es una madre de familia cariñosa, sensible e inteligente que trabaja en la policía y que tiene la suerte de tener un marido tan comprensivo, capaz y solidario como lo era Joe, el marido de Allison Dubois de la serie de tv Médium. Arregui encarna la normalidad frente a los estereotipos torturados que suelen identificar a los protagonistas de género.

Tal vez el contrasentido más relevante que confiere identidad a la protagonista esté en que se relaja leyendo a Irving ¿quién puede relajarse con esas lecturas? Se me ocurren muchísimas mejores alternativas para relajarse. Incluso leyendo.

Como tiene aspecto de ser el inicio de una serie nos alegra saber que nos esperan horas placenteras siguiendo sus cuitas familiares y sus casos policiales deseando que el personaje se vaya soltando y tome más cuerpo y la trama más compromiso. Arregui se ha ganado a pulso formar parte del elenco policial del género.

Pueden leer aquí el primer capítulo. Pero no se sorprendan si luego tienen que ir corriendo a comprarla. Aunque si les da pereza salir siempre pueden encargarla por internet. Y leánlo escuchando la banda sonora de la novela. Ya sabrán porqué.

Mendian gora interpretada por  Imanol Larzabal